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Testimonios feria

'Cuando crucé la frontera', la historia de Andrés Mendoza

Andrés Mendoza ‘vino en agua’. Nació en Alausí, en la provincia de Chimborazo. Vive ocho años en EE.UU. “Antes veníamos por agua, para llegar a Arizona, ahora ya no lo hacen así”. Su travesía duró dos semanas.

Andrés se embarcó en Esmeraldas. Lo metieron en la bodega de un barco con 95 personas más. No murió nadie, cuatro estuvieron a punto. Diez días viajó en un espacio demasiado pequeño y hacinado hasta llegar a Guatemala.  “De ahí viajamos por varios pueblos hasta la la frontera, luego fuimos en bus para México, para después pasar a San Mateo, en donde nos subieron de cinco en cinco a unos camiones hasta Villa Hermosa”.

No sintió miedo. Cuando los dejaron en el camino, unos hombres armados, al parecer policías, les dejaron pasar advirtiéndoles que pronto llegarían. Cuando empezaron a caminar estos hombres dispararon y Andrés y sus compañeros corrieron hacia la montaña sin parar, por casi 10 horas. Solo ahí lloró: “Me acordé que mi mamá me dijo que no me vaya”.

Desconocían el paradero del resto de viajeros. Los cinco se quedaron dormidos y la policía los despertó y les pidieron identificaciones. Los llevaron presos hasta que les entregaron 200 pesos a cada uniformado. Un tráiler les esperaba para llevarlos a una dirección en Guadalajara, luego a Arizona. Para cruzar el desierto: “Comíamos poquito a poquito, manzanas y mermeladas, para que nos aguante”. Recuerda casi como una anécdota que dos osos se les comieron la comida. Pasaron tres días. “Los que más sufrieron fueron los de la ciudad, los del campo en cambio aguantamos”.

En la frontera les esperaban 200 personas. Todos llegaron a los Ángeles a una casa llena de migrantes, eran tantos que no podían respirar. “Ahí teníamos que pagar sino nadie salía”. Andrés viajó con cerca de 10 000 dólares que le prestó un chulquero, 8 500 pagó  a los 'coyotes', en los Ángeles.

Hace cinco años  su esposa y un hermano cruzaron la frontera.  Viven en Bronx.  Él trabaja en la construcción, no es fijo, pero “siempre buscando, buscando, llego”. Hay veces que al mes gana hasta 4 000 dólares. Tienen un poco de dinero ahorrado y esperan volver a Ecuador el próximo año.

Juntos llegaron a la Feria Itinerante para saludar al Presidente, pero no lo logró: “La próxima será”.

 

Corona, el barrio de sanaciones de azuayos y cañarenses

Es domingo en Corona, un barrio en Nueva York. Sus habitantes, en su mayoría son Latinos.  Muchos, ecuatorianos, en especial azuayos y cañarenses. El reloj de la iglesia marca las 9:45. Los fieles entran apurados.

Dentro hay imágenes de distintas ‘nacionalidades’. La Virgen de Guadalupe, mexicana; la de Los Dolores, peruana… Frente al Divino Niño reza Juan Manzano.

Él llegó del Cañar. Después de 15 años logró traer a su hijo Felipe, a quien dejó en Ecuador cuando recién tenía 9 meses de nacido. Siente que la vida es contradictoria y ora por ello: a su esposa le acaban de detectar cáncer: “Diosito me devuelve a mi hijo y ella se está muriendo”.

A las afueras del templo, una señora vende flores. Ecuatoriana. Un hombre ofrece morocho. Ecuatoriano. Y unos metros más allá se encuentran escapularios, velas, cuadros de ángeles y representaciones de santos. Personas migrantes del mundo.

   

El nieto de doña Rosalía brinda helados de paila de Ibarra

Ismael Guerrero sigue los pasos de su abuela: Rosalía Suárez, la matrona de los helados de paila de Ibarra.

Tal cual le enseñó la abuela: en una paila de bronce con hielo, sal en grano y cuchara de palo, guanábana y mora, preparó los tradicionales helados para los visitantes de la Feria Itinerante. 

Ismael  vivió nueve años en Nueva York. Decidió volver hace como menos de un año a Ecuador para seguir al frente del negocio familiar que se ha mantenido más de cuatro décadas.

Regresó acogiéndose al Plan de Menaje de Casa, que ofrece el Gobierno Nacional, a través de un convenio entre la SENAMI y SENAE. “Me llevé todo a mi Ecuador, todo”.

   

"Yo también soy migrante": Jorge López, cónsul en NY.

Llueve en Nueva York. Es tarde de otoño. El Cónsul General de Ecuador en Nueva York llega en gabardina. Es el responsable de coordinar con las delegaciones ecuatorianas su participación en los eventos organizados por la Secretaría Nacional del Migrante (SENAMI).

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Juan Carlos Segarra vende 'cuy' en la avenida Roosevelt

El comercio es la dinámica que marca la vida de los migrantes en la avenida Roosvelt: ropa, zapatos, artículos electrónicos, restaurantes... En una pancarta se lee el menú: ceviche de camarón, guatita y fritada. El nombre del local: 'El pequeño coffee shop, ecuadorian cuisine'.

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